miércoles, 13 de noviembre de 2013

Traumas

Escribir sobre sus experiencias traumáticas puede ofrecer beneficios para su salud.

Un estudio que demuestra que existen lazos entre cuerpo y mente. Por Ignacio Escribano. El autor es médico y periodista científico.

"El arte de escribir es la cosa más milagrosa de cuantas el hombre ha inventado," dijo el historiador y ensayista inglés Thomas Carlyle, hace unos ciento cincuenta años.
Un artículo publicado el 14 de abril último en la Revista de la Asociación Médica Americana (JAMA), reveló que escribir sobre las experiencias traumáticas vividas permite aliviar los síntomas del asma o artritis reumatoidea.
Si bien en esta última década varias investigaciones ya habían comprobado que la escritura confesional o expresiva es capaz de desencadenar una serie de cambios físicos favorables, como el fortalecimiento del sistema inmune o la disminución de la presión arterial, el nuevo estudio de la JAMA es el primero en confirmar que la técnica—practicada, al menos, desde el Renacimiento—también puede beneficiar a las personas enfermas.
Póngalo en palabras:
"Traten de poner en palabras las vivencias más estresantes, sin preocuparse por cómo lo dicen," indicaron los expertos de la North Dakota State University a los pacientes del grupo experimental. Claro que nadie les estaba pidiendo una ambiciosa composición literaria. Sin embargo, no dejaba de tratarse de una dolorosa y compleja tarea: en veinte minutos, durante tres días seguidos, tenían que sacar las emociones más desgarradoras y "ponerlas en blanco y negro," como alentaba Freud a sus colegas, cuando no comprendían claramente alguno que otro paciente. Para los participantes del grupo control, los cuales debieron desarrollar tópicos emocionalmente neutros, el asunto fue más sencillo.
Cuatro meses más tarde, los expertos médicos observaron que las personas del grupo con asma habían recuperado un 19% de la capacidad pulmonar, y que aquellas con artritis reumatoidea los síntomas dolorosos habían cedido un 28%, en promedio.
"Los resultados superan ampliamente a lo que uno esperaría obtener sólo con un tratamiento farmacológico," dijo Joshua Smyth, doctor en psicología y líder del experimento. "Con la medicación podemos hacer un buen trabajo—agregó—pero éste puede ser aún más eficaz, si atendemos las necesidades emocionales de la gente." Sin embargo, las enfermedades suelen ser consideradas un trastorno material y, aunque admitimos que lo psíquico puede ser un factor influyente, nos cuesta creer que por sí solo pueda generar una dolencia,” explica el doctor Luis Chiozza, médico psicoanalista, "un hombre se enferma porque se oculta a sí mismo una experiencia cuyo significado le es insoportable."
Escritura confesional
Pero, ¿cómo se explica ese misterioso salto de la mente al cuerpo?
Para los expertos en psicosomática (i.e., PNI), las vivencias traumáticas o estresantes—mudanzas, muerte de un ser querido, disgustos familiares—continúan ejerciendo un efecto psíquico y, en algún momento de la vida, pueden manifestarse por medio de afecciones físicas, o contribuir a su desarrollo.
"La técnica de la escritura confesional permitiría acercarse a esas emociones, comprenderlas y así, disminuir su repercusión física," explica el doctor Roberto Sivak, coordinador del equipo de Psicosomática del hospital Alvarez. Y añade que "el asma y la artritis reumatoidea son, precisamente, dos de las enfermedades psicosomáticas mejor estudiadas."
“En realidad, lo ‘físico’ es un término artificial porque disocia lo psíquico de lo somático. Además, tampoco hace mención de los aspectos sociales, tan importantes en el desarrollo de las enfermedades como las dos antes mencionadas,” aclara el doctor Cesar Forster, miembro titular de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (Apdeba).
Gustavo Kásparas, médico psiquiatra de Funcei, hace hincapié en el valor terapéutico de la catarsis, que permite aliviar las tensiones generadas por los afectos suprimidos o no satisfechos.
Una extensa investigación realizada el año último concluyó que las situaciones estresantes vividas durante la infancia pueden duplicar, y hasta cuadriplicar, los riesgos de sufrir una enfermedad coronaria, enfisema pulmonar, accidentes cerebrovasculares u otras enfermedades durante la etapa adulta, de acuerdo con una reciente edición de The New York Times.
Los descubrimientos están señalando una fuerte e innegable asociación entre los procesos arbitrariamente divididos en psiquiátricos y físicos.
"Es difícil de creer, pero transcribir las experiencias traumáticas al papel es, en sí mismo, un hecho saludable," reconoce James Pennebaker, profesor de psicología de la Universidad de Texas y uno de los pioneros en la materia. "Las cartas no necesariamente tienen que ser enviadas, ya que el destinatario, en suma, termina siendo uno mismo."
Volviendo a Carlyle, y a aquel atardecer del 12 de mayo de 1840: "Mucho, en verdad, importa que una nación logre una voz explícita, y engendre al hombre que melodiosamente proclame lo que encierra su corazón."

Esta es una gentil contribución hecha por Olimpia Sorrentino. El material es Copyright © 1999 La Nación | Todos los derechos reservados.
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Este escrito fue obtenido en http://consolani.tripod.com/pni.html y es un servicio gratuito.



Visite el cuento terapéutico infantil: “Un Socio ni tan Silencioso” en: http://consolani.tripod.com/intro.html

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